lunes, 13 de noviembre de 2017

El consumo combativo como herramienta de lucha

Cada vez hay más personas para quienes comprar es como votar, una elección política. No está mal. La compra alevosa pone en primer plano una cuestión que aterroriza al Estado: el ejercicio de nuestra capacidad de decisión. Nos referimos a un ejercicio diario y real, no cuatrienal ni simbólico. Pero la imagen “comprar es votar” se queda demasiado estrecha desde la perspectiva autogestionaria. La compra es sólo la mitad de un tipo de intercambio de mercado muy concreto, la compraventa, el intercambio capitalista por excelencia. Y el voto es el simulacro de decisión característico de la democracia representativa parlamentaria, el régimen predilecto del capitalismo. En otras palabras, la compra no es más que la reducción capitalista del consumo, del mismo modo que el voto no es más que la reducción estatal de la acción política. La percepción de la compra como voto es sutilmente restrictiva, no induce a pensar en tipos de intercambio no mercantiles ni en procesos políticos que impliquen el libre ejercicio de nuestra capacidad de decisión sin intermediarios.

Mas allá de un llamado “consumo responsable” que sostiene que comprar es votar, está en marcha un consumo rebelde, amotinado, que defiende que comprar es luchar. El consumo combativo es una revolución a fuego lento, el arte de convertir el potaje de garbanzos en un atentado cotidiano contra toda autoridad.

Se trata de la recuperación de nuestra responsabilidad indelegable de decidir sobre todo lo que nos afecta, una responsabilidad que no estamos dispuestas a transferir a ningún representante político o económico.

El consumo responsable puede ser fácilmente recuperado por el sistema, convertirse en un eslogan de marquesina subvencionado por el Ministerio del Buen Rollo; entrar en el temario de Educación para la Ciudadanía; mercantilizarse como el bicarbonato de una clase media urbana con malas digestiones de conciencia o salir en portada del próximo suplemento dominical de El País. Pero el consumo combativo es ya irrecuperable, no tiene remedio. Cada acto de consumo combativo es incómodo para el sistema, pues tiene el punto de mira puesto en la transformación del sistema económico y político.

Somos muchas las que producimos y consumimos local, ecológico y autogestionado. Somos trabajadoras en lucha contra los valores del mercado, no un club del gourmet o un eco-centro de salud nutricional. Nuestro objetivo es debilitar el sistema económico y social a través de la organización asamblearia del consumo y reforzar al mismo tiempo a los colectivos productivos autogestionados. Queremos decidir sobre todos los aspectos de nuestras vidas diarias, y en este caso lo hacemos sobre nuestra soberanía alimentaria.

Planificamos donde no vamos a consumir y coordinamos donde sí vamos a hacerlo. Tratamos de desviar el consumo de todos los productos que podamos hacia nuestro propios proyectos o hacia proveedoras que no exploten a trabajadoras, que se organicen de forma asamblearia como y con nosotras, y respeten nuestros criterios políticos y ecológicos. De esta manera nuestras compras están sirviendo directamente para fomentar la economía alternativa que perseguimos.

Tenemos vocación de hacer comunidad entre nosotras. Los repartos se convierten en espacios de encuentro e intercambio no solo de productos sino también de afectos, de ideas, de risas, de necesidades, de inspiraciones y conspiraciones desde las que llegar a nuestros objetivos. Queremos hacerlo juntas, predispuestas a funcionar desde la responsabilidad y la autonomía, y con el compromiso de ir tejiendo redes.

Somos exploradoras de un nuevo sentir en el que acciones tan concretas y localizadas como cuidar la alimentación, potenciar el consumo combativo y practicar la autogestión, sólo pueden ser vividas desde una visión integral, así que no somos ingenuas: las luchas parciales o sectoriales separadas unas de otras y desgajadas de una acción integral que las abarque a todas, no trascienden. Somos conscientes de la necesidad urgente de coordinar todos aquellos esfuerzos que nos lleven hacia una auténtica revolución de Amor y Libertad.

Cooperativa Integral Valenciana




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